Hace un par de semanas, en una platica informal, Juan Carlos Escobedo y Esperanza, mi compañera, intercambiaban impresiones sobre los bajos índices de lectura en Latinoamérica, en especial México y Guatemala, y sus posibles razones. Esperanza nos relataba que en México para año nuevo en su lista de propósitos, después de “voy a bajar de peso, me compraré un automóvil nuevo, me ganaré la lotería”, etcétera, aparece, “esta año voy a leer un libro”. Notar el énfasis en la cantidad “un libro”.

En México conocí a unos jóvenes aspirantes a escritores y ellos tenían como meta leer un libro por semana. Méndez Vides, en uno de sus libros y muy posiblemente Escritores famosos, nos abre una ventana a su intimidad y nos desvela que él, como escritor, tiene como trabajo leer y posiblemente lea un libro por día o más según el material. Claro, estos ejemplos distan mucho de la realidad: sí señores, en nuestros países se lee un libro por año en promedio.

Amor por la lectura de Giovanni Bojorquez

La lectura es uno de los mayores placeres intelectuales que puede disfrutar el ser humano, y a la vez es una de las formas más efectivas que existen para adquirir información, cultura y conocimientos. Se trata de una actividad que se puede realizar con diferentes propósitos y varios niveles.

Esta definición de lectura que nos brindan los editores de 12,000 minibiografías es la más coherente e irrefutable declaración de porqué leer deber ser un habito nuestro. Placer y adquisición de información, conocimiento y cultura. ¿Entonces por qué no leemos? Hay mucha tinta regada sobre el tema en los medios masivos y para muestra las palabra de Eduardo Blandón en una entrevista en el diario La Hora. Yo agrego: tal vez porque nuestros docentes usan la lectura como castigo o para encubrir sus ineficaces métodos de enseñanza. —Disculpe señor bitacorista, pero yo tomo objeción de una opinión tan generalizada; sin duda, hay muchos educadores capaces. De acuerdo, pondré un ejemplo reciente. Juan Carlos Escobedo nos alerta del error de algunos profesores al obligar a los educandos a leer El Señor Presidente de Asturias en una semana. Esto sólo se puede ver como un castigo o la utilización de un estrategia torcida.

Si en los sistemas de educación nos obligan a leer, pues ya como adultos no se puede esperar que derivemos placer alguno de los libros. Tal vez me equivoco, pero, estoy casi seguro que la gran mayoría de alfabetos de Guatemala leyó menos de dos libros en 2005. Esto dato, si es certero, sería una tragedia cuando consideramos que la mayoría de guatemaltecos es analfabeta y los que puede leer no lo hacen.

¿Cuántos libros leyó en 2005? Comparta con este humilde bitacorista su respuesta en los comentarios o conteste la encuesta del mes de la revista Recrearte. Yo leí 11 libros en 2005.

La revista Recrearte promueve la lectura de letras guatemaltecas a través de su columna La Polilla. Allí se presenta un libro económico y escrito por guatemaltecos(as) cada mes. No es mucho, pero, sin duda 12 libros es más de lo que el promedio lee ahora y puede ser un buen propósito del nuevo año.

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